Irán al borde: Trump asegura que el conflicto finalizará en días
El presidente de Estados Unidos reafirmó este lunes que la guerra contra Irán “terminará muy pronto”, aunque desde Teherán se rechazaron de inmediato sus declaraciones mientras los ataques con misiles y drones continúan sacudiendo el golfo Pérsico. El conflicto, que estalló hace diez días, ha mantenido en vilo a la comunidad internacional, con repercusiones inmediatas en los mercados globales: los precios del petróleo cayeron tras un repunte inicial y las bolsas registraron alzas, reflejando la volatilidad generada por las tensiones geopolíticas.
Durante una conferencia de prensa en Florida, el mandatario estadounidense insistió en que la situación está “bajo control” y advirtió que, si el conflicto se reanuda, la respuesta de Washington será “aún más contundente”. “Esto terminará pronto, pero si vuelve a empezar, el golpe será más duro”, declaró, sin ofrecer detalles concretos sobre cómo se materializaría ese desenlace. Sin embargo, sus palabras chocaron con la postura de los Guardianes de la Revolución, el brazo militar ideológico de Irán, que en un comunicado oficial desestimó las afirmaciones de Trump. “Seremos nosotros quienes decidamos cuándo y cómo finalizar esta guerra”, sentenciaron, dejando claro que Teherán no cederá ante las presiones externas.
El tono beligerante se mantuvo en ambos bandos. El presidente estadounidense amenazó con acciones “muy, muy duras” si Irán intenta bloquear el estrecho de Ormuz, una ruta marítima crucial por la que transita cerca del 20% del petróleo mundial. “Ese paso permanecerá intransitable mientras dure la guerra”, advirtió Alí Larijani, jefe del Parlamento iraní, en un mensaje dirigido a la comunidad internacional. La escalada militar no da tregua: según el Pentágono, en los últimos diez días se han atacado más de cinco mil objetivos en territorio iraní, incluyendo medio centenar de buques. Washington justifica estos bombardeos como parte de una estrategia para neutralizar las capacidades balísticas de Irán y evitar que desarrolle armas nucleares, algo que Teherán ha negado rotundamente en múltiples ocasiones.
Mientras tanto, en Irán, el régimen ha buscado consolidar su liderazgo en medio del caos. Tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei el pasado 28 de febrero —el mismo día en que comenzaron los ataques aéreos estadounidenses e israelíes—, miles de partidarios del gobierno se congregaron en las calles de Teherán para celebrar el nombramiento de Mojtaba Jamenei, hijo del difunto líder supremo, como su sucesor. Vestidos de negro y portando banderas, los manifestantes corearon consignas como “Dios es grande”, “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”, en una muestra de apoyo inquebrantable al nuevo guía espiritual del país. “Lo seguiremos y obedeceremos todas sus órdenes hasta nuestro último aliento”, declaró Somayeh Marzoughi, una ama de casa que participó en las protestas.
Las autoridades iraníes han reportado más de mil doscientas muertes desde el inicio de los bombardeos, aunque estas cifras no han podido ser verificadas de manera independiente. La guerra, que comenzó con un ataque sorpresa contra instalaciones militares y nucleares, ha dejado un rastro de destrucción en ciudades clave como Isfahán y Natanz, donde se ubican algunas de las principales plantas de enriquecimiento de uranio. Expertos en seguridad internacional advierten que, de prolongarse el conflicto, el riesgo de una conflagración regional se incrementaría, arrastrando a otros actores como Arabia Saudita, Israel y grupos armados aliados de Irán en países como Yemen, Irak y Siria.
A pesar de las declaraciones optimistas de Trump, analistas coinciden en que la situación dista mucho de resolverse. La retórica de ambos bandos, combinada con los ataques constantes, sugiere que el enfrentamiento podría extenderse, con consecuencias impredecibles para la estabilidad global. Mientras tanto, la población civil en Irán sigue atrapada en el fuego cruzado, con reportes de escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos en varias regiones. La comunidad internacional observa con preocupación, pero hasta ahora ningún actor externo ha logrado mediar para detener la espiral de violencia.