Obispo detenido en San Diego por lavado de dinero tras escándalo en club nocturno
El obispo Emanuel Shaleta, líder de la Eparquía Católica Caldea de San Pedro Apóstol en San Diego, fue detenido por autoridades del condado cuando intentaba abandonar Estados Unidos desde el Aeropuerto Internacional de la ciudad. El religioso, de 60 años, enfrenta ocho cargos relacionados con una investigación financiera que se extendió durante meses y que reveló presuntas irregularidades en el manejo de fondos de su congregación.
La detención ocurrió el jueves pasado, tras una pesquisa que comenzó en agosto, cuando un representante de la Iglesia Caldea de San Pedro alertó sobre posibles desvíos de recursos. Las autoridades confirmaron que la investigación se desarrolló con discreción hasta acumular pruebas suficientes para proceder con el arresto. Mientras tanto, el Vaticano también abrió una investigación canónica contra Shaleta, luego de que surgieran denuncias sobre el manejo de las finanzas eclesiásticas.
Los hallazgos preliminares indican que al menos 427 mil dólares desaparecieron de las arcas de la iglesia, aunque fuentes cercanas a la investigación sugieren que la cifra real podría superar el millón de dólares. El caso tomó un giro más complejo cuando se reveló que Shaleta mantenía una relación cercana con una mujer que, según documentos internos, habría recibido pagos irregulares. Ambos se conocieron años atrás en una parroquia de Michigan, donde trabajaron juntos, y mantuvieron contacto incluso después de que el obispo fuera trasladado a Toronto. Tiempo después, ella se mudó a San Diego junto con sus hijos, coincidiendo con el nombramiento de Shaleta al frente de la eparquía local.
La comunidad católica caldea ha seguido de cerca el escándalo, que ha circulado ampliamente en redes sociales y grupos de feligreses. Un sacerdote de la parroquia, quien prefirió mantenerse en el anonimato, confirmó a medios locales que los miembros de la iglesia están al tanto de las acusaciones, aunque evitó profundizar en el tema por respeto al proceso judicial y canónico en curso. “Es una situación dolorosa para todos”, declaró, sin ofrecer más detalles.
El caso también ha puesto en evidencia contradicciones en las acciones del obispo. Aunque se difundió que Shaleta habría enviado una carta de renuncia al Vaticano el mes pasado, un video publicado en YouTube lo muestra oficiando misa semanas después, como si nada hubiera cambiado. Hasta el momento, la Santa Sede no ha emitido un comunicado oficial sobre el tema, a pesar de las solicitudes de postura por parte de medios locales.
Tras su arresto, Shaleta fue trasladado a un centro de detención, donde aguarda su comparecencia ante un juez. Mientras tanto, la comunidad caldea de San Diego enfrenta un momento de incertidumbre, dividida entre la lealtad a su líder espiritual y la indignación por las acusaciones en su contra. El caso, que combina elementos de presunta malversación y conflictos personales, ha generado un debate sobre la transparencia en la administración de los recursos eclesiásticos y el papel de la jerarquía católica en la supervisión de sus miembros.
La investigación continúa abierta, y se espera que en los próximos días se revelen más detalles sobre el destino de los fondos desaparecidos y las posibles implicaciones canónicas para el obispo. Por ahora, los feligreses esperan respuestas claras, mientras la justicia y la Iglesia determinan el futuro de uno de sus líderes más prominentes en Estados Unidos.