Masacre en Irán: informe revela responsabilidad de EE.UU. en el bombardeo a una escuela que dejó 168 niñas asesinadas
El pasado 28 de febrero, un bombardeo estadounidense en la ciudad iraní de Minab dejó al descubierto fallas críticas en los protocolos de inteligencia militar. El ataque, dirigido contra instalaciones vinculadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), impactó en cambio una escuela primaria, provocando la muerte de decenas de niños. Las investigaciones preliminares del Departamento de Defensa de Estados Unidos revelan que el error se originó en el uso de datos desactualizados para planificar la operación.
Según fuentes cercanas a la indagación, oficiales del Comando Central (CENTCOM) basaron las coordenadas del bombardeo en información de inteligencia recopilada años atrás, sin verificar los cambios estructurales realizados en el complejo. Imágenes satelitales de 2016 muestran que el sitio, antes parte de una instalación militar, había sido transformado en un plantel educativo independiente. Se construyó una valla perimetral para separar la escuela del área castrense, se habilitaron accesos públicos y se eliminaron estructuras que pudieran asociarse con actividades bélicas. Fotografías tomadas en diciembre de 2025 —apenas dos meses antes del ataque— confirman que el lugar funcionaba plenamente como centro educativo, con docenas de estudiantes en sus patios durante las horas de recreo.
El armamento utilizado fue un misil de crucero Tomahawk, un sistema de precisión diseñado para minimizar daños colaterales. Sin embargo, el análisis de los fragmentos recuperados en el lugar del impacto sugiere que, pese a su tecnología avanzada, el proyectil no pudo corregir el error de inteligencia que lo dirigió hacia un objetivo civil. Aunque el Pentágono insiste en que este tipo de munición reduce riesgos, el resultado en Minab ha puesto en entredicho su eficacia en contextos donde la información de base es inexacta.
Desde la Casa Blanca, la respuesta ha sido evasiva. El presidente Donald Trump declaró no tener conocimiento previo del operativo, limitándose a un escueto *”No sé nada de eso”*. Horas antes, el mandatario había insinuado que el ataque podría haber sido ejecutado por *”terceros”*, sin ofrecer pruebas. Mientras tanto, funcionarios estadounidenses han evitado asumir responsabilidad directa, aunque prometieron una investigación exhaustiva. *”Hemos hecho todo lo posible para evitar víctimas civiles”*, aseguró un portavoz, sin detallar qué medidas concretas se tomaron para verificar la naturaleza del objetivo.
El gobierno iraní, por su parte, calificó el bombardeo como un *”acto bárbaro”* y denunció que la mayoría de las víctimas eran niños de entre seis y doce años. El incidente ha reavivado el debate internacional sobre la capacidad del Pentágono para prevenir errores en zonas de conflicto, donde la línea entre objetivos militares y civiles suele ser difusa. Expertos en derecho internacional señalan que, incluso si el ataque fue resultado de un fallo técnico, Estados Unidos podría enfrentar consecuencias legales por no garantizar la protección de la población no combatiente.
Más allá de las disculpas formales o las promesas de transparencia, el caso de Minab deja en evidencia un problema recurrente: la dependencia de sistemas de inteligencia que, en ocasiones, operan con información obsoleta o incompleta. Mientras las familias de las víctimas exigen justicia, el episodio se suma a una lista creciente de operaciones militares cuestionadas por su impacto humanitario, recordando que, en la guerra, los errores de cálculo rara vez tienen responsables claros.