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San Vicente reclama soberanía sobre sus aguas territoriales ante presión internacional

  • marzo 5, 2026
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San Vicente reclama soberanía sobre sus aguas territoriales ante presión internacional

Costa Rica se convirtió en escenario de un nuevo capítulo de tensión diplomática en el Caribe, luego de que el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Godwin Friday, denunciara que su gobierno no autorizó un operativo militar estadounidense que terminó con la vida de tres personas en aguas bajo su jurisdicción. El ataque, ocurrido el pasado 13 de febrero, fue dado a conocer a las autoridades locales a través de redes sociales y reportes en línea, sin que mediara comunicación oficial alguna por parte de Washington.

En una conferencia de prensa, Friday expresó su preocupación por la falta de transparencia y la violación a la soberanía de su país. “No hemos recibido ninguna notificación directa sobre este incidente”, afirmó, subrayando que la situación ha generado alarma entre los líderes de la región. “Es un asunto serio que requiere atención inmediata”, advirtió, mientras recordaba que los mandatarios caribeños se reunieron recientemente para analizar los crecientes desafíos en materia de seguridad y protección marítima.

El operativo en cuestión, ejecutado por fuerzas estadounidenses, dejó tres víctimas mortales, aunque las autoridades de Estados Unidos no han confirmado las identidades de los fallecidos. Sin embargo, familiares de Ricky Joseph, un capitán de embarcación de 35 años y padre de cuatro hijos originario de Santa Lucía, aseguraron a medios internacionales que creen que él fue una de las víctimas. Hasta ahora, no se ha proporcionado información adicional que confirme o desmienta estas afirmaciones.

Este no es un caso aislado. Desde septiembre pasado, Estados Unidos ha intensificado sus operaciones contra presuntas embarcaciones dedicadas al narcotráfico en el Caribe y el océano Pacífico, acciones que, según cifras oficiales, han dejado al menos 151 muertos. El gobierno del expresidente Donald Trump justificó estas intervenciones bajo el argumento de combatir a lo que denominó “narcoterroristas” que operan en pequeñas lanchas rápidas. Sin embargo, la falta de coordinación con los países afectados ha generado malestar en la región, donde se cuestiona la legalidad y el impacto humanitario de estas acciones.

Pero las tensiones no se limitan a los operativos militares. Friday reveló que funcionarios caribeños también abordaron con representantes estadounidenses una polémica propuesta: utilizar a San Vicente y las Granadinas, así como a otras naciones del Caribe, como puntos de tránsito temporal para migrantes interceptados en la frontera sur de Estados Unidos, mientras se gestionan sus repatriaciones. El primer ministro exigió claridad sobre varios aspectos clave, como el número de personas que serían trasladadas, los plazos de permanencia en los países caribeños y, sobre todo, el estatus legal que tendrían durante su estancia. “¿Qué pasaría si no pueden ser repatriados?”, preguntó, dejando en evidencia las lagunas de un plan que, de implementarse, podría generar una crisis humanitaria en la región.

En otro frente, los líderes caribeños acordaron durante una cumbre reciente enviar ayuda humanitaria a Cuba, un gesto solidario ante la grave crisis económica y social que atraviesa la isla. Friday explicó que el esfuerzo será coordinado por la secretaría regional, aunque no ofreció detalles sobre el tipo de asistencia ni los plazos para su ejecución. La medida refleja la preocupación de los gobiernos vecinos por la situación en Cuba, donde la escasez de alimentos, medicinas y combustible ha agravado las condiciones de vida de la población.

El caso de San Vicente y las Granadinas pone de relieve los desafíos que enfrenta el Caribe en su relación con Estados Unidos, una dinámica marcada por la desconfianza y la falta de diálogo. Mientras Washington insiste en su estrategia de “mano dura” contra el narcotráfico, los países de la región exigen respeto a su soberanía y mecanismos de cooperación que no los conviertan en escenarios de conflictos ajenos. La pregunta que queda en el aire es si estas diferencias podrán resolverse mediante el diálogo o si, por el contrario, derivarán en un distanciamiento aún mayor entre ambas partes.

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