Cuba prolonga alerta por escasez de combustible aéreo hasta abril
El sistema aéreo de Cuba enfrenta una crisis sin precedentes debido a la escasez crítica de queroseno, el combustible esencial para la aviación. Las autoridades aeronáuticas del país emitieron un aviso oficial dirigido a pilotos y controladores aéreos, en el que confirman que el déficit afecta a todos los aeropuertos internacionales de la isla. Este problema, que se ha agravado en las últimas semanas, amenaza con paralizar operaciones clave y generar un impacto en cadena en el transporte de pasajeros y mercancías.
El documento, de carácter urgente, establece que la medida permanecerá vigente hasta nuevo aviso, sin ofrecer una fecha concreta para su levantamiento. Fuentes cercanas al sector aseguran que la situación responde a una combinación de factores: la falta de divisas para importar el combustible, los retrasos en los pagos a proveedores internacionales y las sanciones económicas que limitan el acceso a mercados alternativos. Aunque el gobierno cubano no ha detallado cifras exactas, se estima que las reservas de queroseno se encuentran en niveles mínimos, lo que obliga a priorizar vuelos esenciales, como los de carga médica o alimentos.
La escasez no solo afecta a las aerolíneas comerciales, sino también a los vuelos chárter y privados, que han visto reducidas sus operaciones de manera drástica. Aeropuertos como el José Martí de La Habana, el Juan Gualberto Gómez de Varadero y el Antonio Maceo de Santiago de Cuba —principales puntos de entrada al país— operan con restricciones horarias y una capacidad limitada. Los pasajeros han reportado cancelaciones de último momento, reprogramaciones con semanas de antelación y, en algunos casos, la imposibilidad de confirmar vuelos incluso con boletos ya adquiridos.
El sector turístico, uno de los pilares de la economía cubana, es uno de los más golpeados. Agencias de viajes y hoteles han comenzado a recibir cancelaciones masivas, mientras que los operadores aéreos advierten sobre un posible colapso en la conectividad con destinos como Canadá, México y Europa, que concentran el mayor flujo de visitantes. “Es una situación insostenible”, declaró un ejecutivo de una aerolínea extranjera con rutas a Cuba, quien prefirió mantener el anonimato. “No solo se trata de la falta de combustible, sino de la incertidumbre. Los pilotos no saben si podrán repostar al llegar, y eso genera un riesgo operativo enorme”.
A nivel interno, la crisis también ha generado tensiones. Los vuelos domésticos, que conectan a La Habana con provincias como Holguín, Camagüey o Cienfuegos, han sido recortados en más de un 50%, afectando a miles de cubanos que dependen de este servicio para desplazarse por motivos laborales, médicos o familiares. En las redes sociales, usuarios han compartido imágenes de aeropuertos semivacíos y colas interminables en las oficinas de reembolsos, donde los viajeros intentan recuperar el dinero de sus boletos cancelados.
Las autoridades cubanas han intentado minimizar el impacto, asegurando que se trabaja en “soluciones inmediatas” para garantizar el suministro. Sin embargo, hasta el momento no se han anunciado medidas concretas, como la liberación de fondos para compras de emergencia o la búsqueda de nuevos proveedores. Expertos en energía señalan que, incluso si se resolviera el problema financiero, la logística para transportar y distribuir el queroseno en un país con una infraestructura portuaria limitada podría demorar semanas.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación. Organizaciones como la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) han advertido que la escasez de combustible en un país con un espacio aéreo tan transitado como el cubano podría tener repercusiones en la seguridad regional. “Un aeropuerto sin combustible es como una carretera sin gasolineras: paraliza todo el sistema”, explicó un especialista en transporte aéreo. “Y en el caso de Cuba, esto no solo afecta a sus ciudadanos, sino a toda la red de conexiones en el Caribe y América Latina”.
La crisis del queroseno se suma a una larga lista de desafíos económicos que enfrenta la isla, incluyendo la inflación descontrolada, la escasez de alimentos y medicinas, y la emigración masiva. Aunque el gobierno ha culpado a las sanciones estadounidenses de gran parte de sus problemas, analistas independientes señalan que la falta de reformas estructurales y la dependencia de un modelo económico centralizado han agravado la situación. “Cuba necesita diversificar sus fuentes de ingresos y modernizar su infraestructura”, apuntó un economista residente en Miami. “Pero mientras eso no ocurra, cada crisis —como esta del combustible— se convertirá en un golpe más a su ya frágil estabilidad”.
Por ahora, los cubanos y los viajeros que planean visitar la isla deben prepararse para un escenario de alta incertidumbre. Las aerolíneas han comenzado a emitir comunicados recomendando a sus clientes verificar el estado de sus vuelos con días de antelación, mientras que las embajadas de varios países han actualizado sus advertencias de viaje, instando a sus ciudadanos a reconsiderar desplazamientos no esenciales. En las calles de La Habana, la pregunta ya no es si habrá más cancelaciones, sino cuándo y cómo afectarán a quienes ya tienen sus planes hechos.